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El Mundial ha descubierto al mundo la alegría de los aficionados sudafricanos que tienen como símbolo su particular trompeta

Es prácticamente el único sonido que se escucha durante los partidos del Mundial de Sudáfrica. Algunos lo asemejan a un enjambre de abejas, otros al ruido de los elefantes cuando barritan, aunque en lo que coinciden todos es en señalar que es prácticamente insoportable aguantarlo durante noventa minutos de juego. Y es que las vuvuzelas inundan los campos de fútbol sudafricanos, son el símbolo de los aficionados locales que viven el fútbol como una fiesta y parte de ella es el sonido de estas curiosas trompetas.

La vuvuzela es una larga trompeta de plástico que puede llegar a medir entre 35 y 60 cm y con un peso de unos 120 gramos. No está muy claro su origen, ya que algunos lo atribuyen a una derivación de instrumentos de raíces con los que se convocaban reuniones en los pueblos africanos, mientras que otras teorías apuntan a que fue introducida en Sudáfrica desde América como un juguete para los niños. Lo que está claro es que en la actualidad sólo tienen un uso, el grito de la afición negra en el fútbol. Y es que este instrumento es único de la afición negra que prefiere el fútbol al rugby, el verdadero deporte rey del país y territorio casi exclusivo de los afrikáner blancos.

Distinciones raciales aparte, las vuvuzelas se han convertido en todo un fenómeno y son sopladas también por los aficionados de las diferentes selecciones. ¿El problema? Los 100 decibelios que puede llegar a alcanzar su sonido, incluso superarlos, bordean la pérdida de oído, según los expertos, y en cuotas superiores alcanza el umbral de dolor. Por ello, la FIFA estudió en un primer momento prohibirlas en los campos porque habían recibido quejas de jugadores y entrenadores a los que les era difícil comunicarse en el terreno de juego, además de las cadenas de televisión.

Sin embargo, Rich Mkhondo, portavoz del comité organizador del Mundial, salió al paso y confirmó que “no se van a prohibir. Las vuvuzelas están aquí y se van a quedar hasta el final del Mundial. Es parte de la historia de Sudáfrica y la forma de expresión de nuestros aficionados”. Molesto para el mundo occidental, símbolo de la alegría de la población sudafricana que ha acogido con los brazos un Mundial que puede ser el paso adelante en su desarrollo.